Algunos se acordarán del blogg que regentaba hace años. Aquel viejo cuaderno de bitácora empezaba con el mito ovidiano de Pigmalión y Galatea y, se desarrollaba, a lo largo de las semanas, en las correspondencias que puede haber entre las artes.
Hoy quiero rescatar el alma de ese blogg con un gran soneto de Charles Baudelaire, el poeta de la modernidad francesa situado entre el Romanticismo y el Simbolismo, de su polémica obra Les Fleurs du Mal ("Las flores del mal") -no hay que olvidar que este libro produjo un escándalo por su contenido, se suprimieron seis poemas e incluso multaron al escritor por ultraje moral. Ya el título, insólito en la literatura de tradición europea, aunaba dos palabras de significados opuestos (las "flores" con el "mal").
Pero su obra permanece eterna, y marca el nacimiento de la poesía simbolista, pues, como se ha escrito, con Baudelaire los versos empiezan a liberarse de las ataduras canónicas y despliegan nuevos conceptos de creación poética en el soñarse a sí mismo. Su soneto "Correspondencias" dice así:
La Creación es un templo de entre cuyos pilares
hay palabras confusas que acertamos a oír;
pasa el hombre a través de los bosques de símbolos
que le observan con ojos habituados a vernos.
Cual larguísimos ecos que a lo lejos se funden
en lo que nos parece unidad oscura y honda,
vasta como la noche, vasta como la luz,
corresponden perfumes a colores y músicas.
Hay perfumes tan frescos como carnes de niños,
suaves sones de oboes, verdes como praderas,
como hay otros corruptos, triunfales, pletóricos,
que se expanden igual que lo que es infinito,
como el ámbar y almizcle, el benjuí y el incienso,
arrebato sonoro de sentidos y de alma.
Charles Baudelaire, Les fleurs du mal (1821-1867)
miércoles 27 de enero de 2010
sábado 23 de enero de 2010
Pigmalión enloqueció de amor
La poesía española de los siglos XVI y XVII, fastuosa de tesoros, alcanza una de sus fuentes de Castalia en la antigua mitología clásica. Gutierre de Cetina se enfrenta, en este soneto sobre Pigmalión y su escultura Galatea, a un amor no correspondido. A diferencia de la versión ovidiana, el poeta sugiere aquí que, en realidad, la piedra fría jamás se transmutó en carne, sino que el viejo artista enloqueció de amor:
Si de una piedra fría enamorado,
pudo Pigmalión mover el cielo,
si pudo a tanto ardor poner consuelo
falso espíritu en ella transformado.
Siendo retrato vos tan bien sacado
de la mayor beldad que hay en el suelo,
y siendo ante mi ardor el suyo un hielo,
¿Por qué no me ha el amor a mi engañado?
¡Ay de mí! ¿Para qué? ¿Qué es lo que pido?
¿Si espíritu tuviese la pintura,
podría mejorarse mi partido?
No, porque en caso tal, ¿quién me asegura,
si os hubiese en las mañas parecido
tanto como os parece en la hermosura?
Gutierre de Cetina (1517-1557)
Si de una piedra fría enamorado,
pudo Pigmalión mover el cielo,
si pudo a tanto ardor poner consuelo
falso espíritu en ella transformado.
Siendo retrato vos tan bien sacado
de la mayor beldad que hay en el suelo,
y siendo ante mi ardor el suyo un hielo,
¿Por qué no me ha el amor a mi engañado?
¡Ay de mí! ¿Para qué? ¿Qué es lo que pido?
¿Si espíritu tuviese la pintura,
podría mejorarse mi partido?
No, porque en caso tal, ¿quién me asegura,
si os hubiese en las mañas parecido
tanto como os parece en la hermosura?
Gutierre de Cetina (1517-1557)
viernes 22 de enero de 2010
Ojos claros, serenos
Hoy os invito a leer, sin prisa, uno de los madrigales más populares del poeta andaluz Gutierre de Cetina, uno de los poetas más jóvenes y más extraordinarios del prodigioso siglo XVI:
Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
Gutierre de Cetina (1517-1557)
Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
Gutierre de Cetina (1517-1557)
miércoles 16 de diciembre de 2009
La ignorancia
De repente siento una gran nostalgia por los inmensos lagos de hielo y los infinitos bosques nevados de Falun, las tazas humeantes y los kanelbulles que tomábamos en la cafetería del centro, los amigos suecos, polacos... ¿Por qué, en la edad de la ignorancia que es la juventud, echamos tanto de menos lo que acababamos de vivir?
Cuanto mayor es el tiempo que hemos dejado atrás, más irresistible es la voz que nos incita al regreso. Esta setencia pareceun lugar común, sin embargo es falsa. El ser humano envejece, el final se acerca, cada instante pasa a ser siempre más apreciado y ya no queda tiempo que perder con recuerdos. Hay que comprender la paradoja matemática de la nostalgia: ésta se manifiesta con más fuerza en la primera juventud, cuando el volumen de la vida es todavía insignificante.
sábado 12 de diciembre de 2009
Resultado de la encuesta
Según la encuesta de noviembre, el 60% de los lectores de este blog lucharía por la II República. Un 30% apoyaría con las armas el golpe de Estado militar. Y un 10% intentaría escapar de la guerra, o bien con un trabajo que le permitiera permanecer en la retaguardia, o bien pasando las fronteras camino al exilio.
El resultado de esta encuesta es bastante fiel a las opciones políticas de los españoles que tuvieron que decidir en qué bando luchaban en verano de 1936. La mayoría de la población optó por defender la II República, porque suponía sin duda defender la democracia republicana frente al golpe fascista. Sin embargo, la guerra civil española no fue tan simple: no era democracia contra fascismo, como George Orwell trata de exponer en su Homenaje a Cataluña. Ni en el bando republicano todos eran demócratas (es más, la mayoría aspiraban a la dictadura del proletariado o al anarquismo), ni en el bando nacional todos eran fascistas (no podemos despreciar a los miles de carlistas, monárquicos y tradicionalistas). De hecho, el fascismo en España era un furúnculo que sólo creció a partir de 1936.
La vida del anarquista tarraconense Josep Alomà, que estoy a punto de leer si su autor me dedica el libro, es un buen ejemplo de las paradojas de la guerra: un gran hombre, de ideales anarquistas, que protegió la catedral de Tarragona de su destrucción ("allá dentro sólo hay un museo medieval, no símbolos fascistas", dijo) y salvó la vida a cientos de católicos. Las memorias de Julio Bacarizo también constituyen esta paradoja: un socialista que luchó en los campos de aviación de las FARE para salvar la democracia, cuando sus superiores no creían ya en la democracia.
Quizá por todas estas paradojas, estas historias personales, me atrae tanto la guerra civil española y el testimonio en primera persona de los que la vivieron.
El resultado de esta encuesta es bastante fiel a las opciones políticas de los españoles que tuvieron que decidir en qué bando luchaban en verano de 1936. La mayoría de la población optó por defender la II República, porque suponía sin duda defender la democracia republicana frente al golpe fascista. Sin embargo, la guerra civil española no fue tan simple: no era democracia contra fascismo, como George Orwell trata de exponer en su Homenaje a Cataluña. Ni en el bando republicano todos eran demócratas (es más, la mayoría aspiraban a la dictadura del proletariado o al anarquismo), ni en el bando nacional todos eran fascistas (no podemos despreciar a los miles de carlistas, monárquicos y tradicionalistas). De hecho, el fascismo en España era un furúnculo que sólo creció a partir de 1936.
La vida del anarquista tarraconense Josep Alomà, que estoy a punto de leer si su autor me dedica el libro, es un buen ejemplo de las paradojas de la guerra: un gran hombre, de ideales anarquistas, que protegió la catedral de Tarragona de su destrucción ("allá dentro sólo hay un museo medieval, no símbolos fascistas", dijo) y salvó la vida a cientos de católicos. Las memorias de Julio Bacarizo también constituyen esta paradoja: un socialista que luchó en los campos de aviación de las FARE para salvar la democracia, cuando sus superiores no creían ya en la democracia.
Quizá por todas estas paradojas, estas historias personales, me atrae tanto la guerra civil española y el testimonio en primera persona de los que la vivieron.
lunes 16 de noviembre de 2009
El anarquista Josep Alomà
Esta semana mi colega Ramon Gras i Alomà presenta el libro Una utopia, una esperança, las memorias de su abuelo, el anarquista Josep Alomà, que salvó cientos de vidas durante los primeros meses de guerra civil en Tarragona.
En 1936 Alomà era tinent d'alcalde del ayuntamiento por la CNT-FAI, director del Diari de Tarragona (portavoz de la CNT) y presidente del Consell d'Escola Nova Unificada, donde impulsó "una pedagogía nueva y moderna". Gracias a su intervención salvó la vida de muchas personas, como recogen las fuentes:
“El que subscribe, Joaquín Sánchez Calvo, de estado casado, de 65 años de edad y Representante de la Compañía Arrendataria de Tabacos en la Provincia de Castellón, CERTIFICA: que durante la revolución marxista residía en la ciudad de Tarragona y que, gracias a la protección que sin conocerle le prestó José Alomá, a quien recurrió en demanda de ayuda, pudo salvar su vida, seriamente amenazada, así como la de su hijo Pedro Sánchez Sánchez. […]. También hace constar el declarante que muchas personas, algunas de ellas detenidas en el barco y que seguramente habrían sido fusiladas, se salvaron mediante la intervención del mismo Alomá”.
Esta historia merece ser leída con calma porque me interesan mucho las historias personales, las memorias, que son más poderosas, a veces, que los manuales de Historia. Además, la vida de Josep Alomà tuvo que ser fascinante. El abuelo de mi colega bien se merece este homenaje y una calle en Tarragona. ¡Enhorabuena, Ramon!
En 1936 Alomà era tinent d'alcalde del ayuntamiento por la CNT-FAI, director del Diari de Tarragona (portavoz de la CNT) y presidente del Consell d'Escola Nova Unificada, donde impulsó "una pedagogía nueva y moderna". Gracias a su intervención salvó la vida de muchas personas, como recogen las fuentes:
“El que subscribe, Joaquín Sánchez Calvo, de estado casado, de 65 años de edad y Representante de la Compañía Arrendataria de Tabacos en la Provincia de Castellón, CERTIFICA: que durante la revolución marxista residía en la ciudad de Tarragona y que, gracias a la protección que sin conocerle le prestó José Alomá, a quien recurrió en demanda de ayuda, pudo salvar su vida, seriamente amenazada, así como la de su hijo Pedro Sánchez Sánchez. […]. También hace constar el declarante que muchas personas, algunas de ellas detenidas en el barco y que seguramente habrían sido fusiladas, se salvaron mediante la intervención del mismo Alomá”.Esta historia merece ser leída con calma porque me interesan mucho las historias personales, las memorias, que son más poderosas, a veces, que los manuales de Historia. Además, la vida de Josep Alomà tuvo que ser fascinante. El abuelo de mi colega bien se merece este homenaje y una calle en Tarragona. ¡Enhorabuena, Ramon!
domingo 1 de noviembre de 2009
La División Azul
En un acto deliberado de vanidad, busqué mi libro por Internet por si alguien decía algo en este espacio tan increíble de la red. Me encontré con unas críticas bastante positivas en varios foros republicanos, que no tienen mucha importancia, ya que la obra es un homenaje a los aviadores de las FARE y es normal que el tema guste. Lo que me sorprendió de verdad fue la crítica de un foro de la División Azul, donde me tildan de "fanático comunista"... ¿Comunista, yo?
Aquellos hombres heridos de guerra, de pensamiento tan distinto al mío, habían ido a combatir como voluntarios del ejército alemán a orillas del río Voljov, a miles de kilómetros de sus hogares, de las familias y quizá de las novias que les estaban esperando, para proteger a Europa del régimen soviético de Stalin.
Uno de ellos confesó que había ido al frente en el Báltico por dinero, como un mercenario. Quería casarse con su joven novia, pero su futuro suegro había dejado muy claro que no podía consentir aquel matrimonio si él no tenía ni un céntimo para cuidar de su hija. Si se alistaba en la División Azul obtendría el sueldo máximo del ejército español más el excelente salario alemán. Y en cuanto saliera del hospital que regentaba sor Herminia podría cumplir su anhelo, después de tanto tiempo de sufrimiento y separación...
Puedo decirte que aprendí mucho de ellos. A la mayoría de hombres le gusta leer los periódicos afines a sus inclinaciones políticas o charlar sólo con personas de su misma ideología; porque someter a juicio los propios ideales resulta a menudo algo arduo y difícil, y no todos quieren salir de la comodidad de no reflexionar. Yo antes estaba convencido de que aquellos mercenarios de la División Azul eran de la peor calaña, pero al conocer a algunos de ellos me di cuenta de que no eran como los nazis aunque llevaran el indigno uniforme del III Reich. No se proclamaban antisemitas ni tenían afán de conquistar pueblos. Me parecían simplemente unos locos que habían abandonado la seguridad de sus hogares en busca de aventuras, como don Quijote.
–Os habéis estrellado contra molinos de viento –suspiré.
–Ojalá la URSS no fuera el gigante que en realidad es. Si ganan esta guerra habrá más muerte y sufrimiento, sobre todo en los humildes pueblos que someterán en el Este.
(fragmento del capítulo XV)
Uno de ellos confesó que había ido al frente en el Báltico por dinero, como un mercenario. Quería casarse con su joven novia, pero su futuro suegro había dejado muy claro que no podía consentir aquel matrimonio si él no tenía ni un céntimo para cuidar de su hija. Si se alistaba en la División Azul obtendría el sueldo máximo del ejército español más el excelente salario alemán. Y en cuanto saliera del hospital que regentaba sor Herminia podría cumplir su anhelo, después de tanto tiempo de sufrimiento y separación...
Puedo decirte que aprendí mucho de ellos. A la mayoría de hombres le gusta leer los periódicos afines a sus inclinaciones políticas o charlar sólo con personas de su misma ideología; porque someter a juicio los propios ideales resulta a menudo algo arduo y difícil, y no todos quieren salir de la comodidad de no reflexionar. Yo antes estaba convencido de que aquellos mercenarios de la División Azul eran de la peor calaña, pero al conocer a algunos de ellos me di cuenta de que no eran como los nazis aunque llevaran el indigno uniforme del III Reich. No se proclamaban antisemitas ni tenían afán de conquistar pueblos. Me parecían simplemente unos locos que habían abandonado la seguridad de sus hogares en busca de aventuras, como don Quijote.
–Os habéis estrellado contra molinos de viento –suspiré.
–Ojalá la URSS no fuera el gigante que en realidad es. Si ganan esta guerra habrá más muerte y sufrimiento, sobre todo en los humildes pueblos que someterán en el Este.
(fragmento del capítulo XV)
miércoles 28 de octubre de 2009
Reus
Tuve el honor de defender las Tierras del Ebro en los últimos campos de aviación de las FARE. Desde Banyoles fuimos al aeródromo de Reus, uno de los mejores campos de aviación que conocí. Allí, como en el de Sabadell, se ensamblaban los chatos desde el verano de 1937, año en que entré en la aviación. Entonces habían dejado de importarlos en barco desde la URSS hasta los puertos de Cartagena y de Bilbao. En Reus pasé una semana inolvidable.La ciudad del general Prim amaba a los aviadores republicanos. La última noche fuimos al centro de la ciudad a cenar, uniformados de gala. Al salir del restaurante, en la calle estaban bailando sardanas. Cuando llegamos a la plaza del Mercadal, nos sorprendió la casa Navàs de Domènech i Muntaner, que se erguía en una esquina, amputada de torre por una bomba de la aviación enemiga. La ciudad de comerciantes y modernistas sufría por tanta destrucción, como lloraban los muros milenarios del monasterio de Poblet, a unos kilómetros de allí. Reus se lamentaba, pero esa noche estaba vestida de fiesta. Y empezaron los pasodobles. Sacamos a algunas chicas para bailar. Las alegres faldas azules danzaban al son de la música. Ellas, radiantes, se abandonaban en nuestros brazos bajo las arcadas de las plazas de piedra que destellaban con la magia de Gaudí lejos, tan lejos, de la guerra.
(fragmento del capítulo X)
sábado 17 de octubre de 2009
Memorias de ultratumba
Hace unos años, tomándome una Tiskie en el barrio de Podgórze, a orillas del Vístula, en Cracovia, un compañero comunista me recomendó dos libros de memorias para hacer una segunda edición de Estos días azules. El primero es Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, que tengo apilado en el suelo de mi habitación desde hace meses. El segundo lo acabé ayer, el primer volumen de Memorias de ultratumba de Chateaubriand, que dulcemente me ha robado varias horas de sueño:
“Una cosa me humilla: la memoria es a menudo un rasgo distintivo de la necedad; es propia generalmente de los espíritus lerdos, a los que vuelve más pesados aún por bagaje que los sobrecarga. Y ello no obstante, ¿qué seríamos sin la memoria? Olvidaríamos nuestras amistades, nuestros amores, nuestros placeres, nuestras ocupaciones; el genio no podría reunir sus ideas; el corazón más afectuoso perdería su ternura si dejara de recordar; nuestra existencia se vería reducida a los momentos sucesivos de un presente que discurre sin cesar; no habría ya pasado. ¡Oh, miserables de nosotros! Tan vana es nuestra vida que no es más que un reflejo de nuestra memoria.” (pp. 67-68)
"¿Por qué le mayor crimen y la mayor gloria radican en derramar la sangre del hombre?" (p. 71)
“Las matemáticas, el griego y el latín ocuparon todo mi invierno en el colegio. El tiempo que no estaba consagrado al estudio se dedicaba a esos juegos del comienzo de la vida, que son parecidos en todas partes. El niño inglés, el niño alemán, el niño italiano, el niño español, el niño iroqués, el niño beduino hacen rodar el aro y lanzan la pelota. Hermanos de una gran familia, los niños no pierden sus rasgos de semejanza sino al perder la inocencia, la misma en todas partes. Entonces las pasiones modificadas por los climas, los gobiernos y las costumbres hacen a las naciones distintas; el género humano deja de comprenderse y de hablar el mismo lenguaje; es la sociedad la que es la verdadera torre de Babel.” (p.84)
“Unos amigos nos dejan, otros los suceden; nuestras relaciones varían: siempre hay un tiempo en el que no poseíamos nada de lo que poseemos, un tiempo en el que no tenemos nada de lo que tuvimos. El hombre no tiene una sola y única vida; tiene varias puestas una tras otra, y ésta es su miseria.” (p.135).
“Una cosa me humilla: la memoria es a menudo un rasgo distintivo de la necedad; es propia generalmente de los espíritus lerdos, a los que vuelve más pesados aún por bagaje que los sobrecarga. Y ello no obstante, ¿qué seríamos sin la memoria? Olvidaríamos nuestras amistades, nuestros amores, nuestros placeres, nuestras ocupaciones; el genio no podría reunir sus ideas; el corazón más afectuoso perdería su ternura si dejara de recordar; nuestra existencia se vería reducida a los momentos sucesivos de un presente que discurre sin cesar; no habría ya pasado. ¡Oh, miserables de nosotros! Tan vana es nuestra vida que no es más que un reflejo de nuestra memoria.” (pp. 67-68)"¿Por qué le mayor crimen y la mayor gloria radican en derramar la sangre del hombre?" (p. 71)
“Las matemáticas, el griego y el latín ocuparon todo mi invierno en el colegio. El tiempo que no estaba consagrado al estudio se dedicaba a esos juegos del comienzo de la vida, que son parecidos en todas partes. El niño inglés, el niño alemán, el niño italiano, el niño español, el niño iroqués, el niño beduino hacen rodar el aro y lanzan la pelota. Hermanos de una gran familia, los niños no pierden sus rasgos de semejanza sino al perder la inocencia, la misma en todas partes. Entonces las pasiones modificadas por los climas, los gobiernos y las costumbres hacen a las naciones distintas; el género humano deja de comprenderse y de hablar el mismo lenguaje; es la sociedad la que es la verdadera torre de Babel.” (p.84)
“Unos amigos nos dejan, otros los suceden; nuestras relaciones varían: siempre hay un tiempo en el que no poseíamos nada de lo que poseemos, un tiempo en el que no tenemos nada de lo que tuvimos. El hombre no tiene una sola y única vida; tiene varias puestas una tras otra, y ésta es su miseria.” (p.135).
viernes 18 de septiembre de 2009
¿En qué bando hubieras luchado?
Lo que me explicaba mi abuelo era tan terrible que aún me planteo cómo pudo superarlo, cómo pudo sobrevivir y ser feliz. Es un misterio. Le tocó vivir en aquella época, y en el verano de 1936 tomó la firme decisión de luchar en las Milicias Ferroviarias -un año más tarde, entraría en las Fuerzas Aéreas de la República Española (como saben los que ya han leído Estos días azules).
¿Y yo? ¿Qué hubiera hecho en su lugar? ¿Hubiera luchado por defender la República? ¿Hubiera apoyado a los rebeldes que dieron el golpe de Estado? ¿Me hubiera exiliado a Francia? Aquí, a la derecha de la pantalla, os dejo una encuesta para responder a una pregunta sencilla. Sin embargo, mi abuelo siempre decía que las preguntas sencillas a veces no tienen respuestas sencillas.
PD: ¡Votad en la encuesta! El 20-N sabremos el resultado.
¿Y yo? ¿Qué hubiera hecho en su lugar? ¿Hubiera luchado por defender la República? ¿Hubiera apoyado a los rebeldes que dieron el golpe de Estado? ¿Me hubiera exiliado a Francia? Aquí, a la derecha de la pantalla, os dejo una encuesta para responder a una pregunta sencilla. Sin embargo, mi abuelo siempre decía que las preguntas sencillas a veces no tienen respuestas sencillas.PD: ¡Votad en la encuesta! El 20-N sabremos el resultado.
martes 4 de agosto de 2009
Mis 10 libros
Me apasiona leer. Me encantan las librerías y, sobre todo, las viejas bibliotecas. Allí me perdería horas. Acabo de llegar del silencio de la Library del Trinity College, y de arrodillar mi corazón a las almas de aquellos libros. Todo escritor, por malo que sea, debe ser un gran lector y visitar, de vez en cuando, las mejores bibliotecas del mundo.Allí, en la ciudad de James Joyce (reconozco que no he leído aún su Ulises), me acordé de un viejo amigo que ahora está fondeado en su barco. Me lo imagino leyendo a Virgilio en su camarote, a escondidas. Este marino, enamorado de las Humanidades, me preguntó un día cúal era la lista de mis 10 libros favoritos.
Hacer un top-ten de Literatura no es más que desvelar las preferencias de un lector. Dirá mucho de mí esta singular lista, de los libros que me gusta leer, los que quiero leer, y sobre todo los que anhelo releer:
1. Don Quijote de la Mancha, CERVANTES: la cima de la Literatura Universal. Don Quijote es un gran maestro de la vida.
2. Hamlet, SHAKESPEARE: el gran teatro, como la vida. Todos dudamos.
3. Crimen y castigo, DOSTOIEVSKI: me faltó muy poco para agarrar un hacha y acabar con la vieja usurera que me alquilaba una buhardilla en Cracovia.
4. Guerra y paz, TOLSTOI: gran obra de amor y guerra. Era el libro imprescindible antes de ponerme a escribir Estos días azules.
5. El señor de los anillos, TOLKIEN: los dragones existen. El padre de la literatura fantástica moderna. El Silmallirion quizá ocuparía su lugar, para los fanáticos de Tolkien.
6. Un mundo feliz, HUXLEY: vivimos sin duda en ese mundo feliz. Escrito en 1933, es un libro profético para este siglo XXI que empieza. Oh, brave new world!
7. Cuentos, CHEJOV: para el marino, es un retrato vivo, lúcido, de la condición humana, y llave de la literatura contemporánea. No puedo estar más de acuerdo.
8. Divina Comedia, DANTE: el gran libro del Renacimiento, la cumbre de la literatura italiana y una obra eterna.
9. Eneida, VIRGILIO: es una pena no saber latín para leer esta gran epopeya. Dicen que el escritor mandó quemar la obra en el lecho de muerte, más o menos como Kafka. El libro cuarto es una joya (en una de sus múltiples lecturas, podemos entender un poco más la diferencia de la psicología entre hombres y mujeres).
10. Poesía, LOPE DE VEGA: grandísimo, humano, espiritual, poderoso. Sus versos son la banda sonora de mi vida. Lope es Lope.
PD: Quedan en el banquillo muchos, entre ellos Kafka, Borges, Stendhal, Thomas Mann, Unamuno, Machado...
jueves 25 de junio de 2009
Tiempos de guerra 1936-1939
–Estoy orgulloso de que luchéis contra el fascismo –nos dijo mi padre. Para él, como hombre idealista, era un honor que fuéramos al frente. Y yo no quería luchar porque me lo hubiese pedido él. Yo quería hacerlo por la libertad, por mi país y por la democracia republicana. Porque había hecho mías sus ideas políticas. No podía haber sido de otro modo. No se puede luchar si no hay fe. Pero en el fondo estaba muerto de miedo. Todos lo estábamos. Aunque en casa me llamaban “Bolchevique”, la idea de empuñar un arma me ponía de los nervios.
(fragmento del capítulo V)
(fragmento del capítulo V)
viernes 29 de mayo de 2009
Tiempos de héroes 1917-1936
Antes de la primera huelga general revolucionaria, Tadeo gozaba de cierto prestigio en la importante red ferroviaria de Caminos de Hierro del Norte. Era muy bueno, y además le encantaba su oficio. En 1917 tenía un salario decente, fruto de años de esfuerzo. Pero cada vez le preocupaban más los problemas de los otros proletarios, que no habían tenido tanta suerte como él y que seguían salvajemente explotados por los empresarios.
No dormía tranquilo desde que se había iniciado la huelga de agosto. Se quejaba y decía a sus amigos y compañeros que no podía concebir que se sacaran los cañones en las plazas madrileñas de Ventas y Cuatro Caminos, en Barcelona y en otras ciudades españolas, que muriera gente, y que él se quedara de brazos cruzados... Al final tomó la arriesgada decisión de sumarse a la huelga obrera a pesar de las sabias advertencias de mi madre. Eusebia no quería de ninguna manera que él se metiera en camisa de once varas, ya que podía jugarse su puesto de trabajo; como así fue.
Cuando su tren estaba llegando a la Estación del Norte, a escasos doscientos metros, paró las máquinas y obligó a todos los pasajeros que bajaran de los vagones en señal de protesta y en apoyo a la huelga general revolucionaria. La compañía de ferrocarriles nunca se lo perdonó y por eso le despidieron. Justo cuando yo era un recién nacido mi familia arruinada se fue a vivir a una casa muy pobre, casi una chabola, en el Puente de Vallecas, donde la desgracia se refugiaba al amparo de un mismo sufrimiento, como en todos los barrios marginados.
(fragmento del capítulo I)
viernes 30 de enero de 2009
Finalista del I Premio Literario Éride
¡Gracias, lectores!


¿Todavía no tienes Estos días azules? Para Sant Jordi, es el libro para regalar (y leer). ¡Que lo disfrutéis! ¡Y feliz día del Libro!
jueves 15 de enero de 2009
Así empieza...
Nadie en aquel autobús sabía quién era ese anciano de ochenta y siete años que, sentado en la parte de atrás, iba acariciando el envoltorio de una bella sortija que acababa de comprar en una joyería del centro. Se había levantado a media tarde con la excusa de ir a dar una vuelta, a pesar de que hacía mucho calor en Madrid y de que le dolía la espalda. Había decidido sorprender a su mujer, que esa noche cumplía ochenta años. Quería a Antonia desde el primer día que la vio, y habían pasado toda una vida juntos.
Julio se vio reflejado en la ventana del autobús. Afuera estaba anocheciendo. Se quitó cuidadosamente las gafas y se quedó mirando la intensidad del color del cielo de sus ojos, que brillaban en la oscuridad de aquel improvisado espejo urbano. Alzando un poco la barbilla se colocó bien la corbata y, luego, se atusó con los dedos su fino cabello cano. Tenía porte, con el rostro perfectamente afeitado y un fino bigote blanco, de época. La gente solía comentar su parecido al actor Paul Newman en su última película, en la que interpreta al capo de una banda de gángsteres. Julio no se consideraba ningún galán ni le gustaba que le compararan, porque era humilde. (...)
Arrimado a la ventanilla del autobús, mientras seguía acariciando el regalo, le dio un respingo al corazón al descubrir las verjas grises de un viejo asilo situado entre enormes bloques de pisos que parecían a punto de derrumbarse. Allí –pensó– todavía quedarían veteranos, ancianos que lucharon cuando eran jóvenes, probablemente abandonados por sus familiares y por el mundo. En una sombra olvidada permanecía el meollo de nuestro pasado, las historias vivas de antiguos idealistas revolucionarios o taciturnos voluntarios que se iban consumiendo sin remedio según las leyes implacables de la Naturaleza. Dentro de unos años ya no quedarían supervivientes de la guerra y se esfumarían para siempre los relatos de aquellos hombres y mujeres que lo vivieron en primera persona. Se acababa la vida arrebatando la Historia.
Aquellas sombras le entristecían. Julio se sentía tan miserable como aquella vez que, de pie sobre un malecón, se había hecho partícipe de las encrespadas olas del mar Mediterráneo que rugían por su cuñado Pepe y los últimos exiliados de aquella guerra, la guerra que perdimos.
(fragmento del principio)
Julio se vio reflejado en la ventana del autobús. Afuera estaba anocheciendo. Se quitó cuidadosamente las gafas y se quedó mirando la intensidad del color del cielo de sus ojos, que brillaban en la oscuridad de aquel improvisado espejo urbano. Alzando un poco la barbilla se colocó bien la corbata y, luego, se atusó con los dedos su fino cabello cano. Tenía porte, con el rostro perfectamente afeitado y un fino bigote blanco, de época. La gente solía comentar su parecido al actor Paul Newman en su última película, en la que interpreta al capo de una banda de gángsteres. Julio no se consideraba ningún galán ni le gustaba que le compararan, porque era humilde. (...)
Arrimado a la ventanilla del autobús, mientras seguía acariciando el regalo, le dio un respingo al corazón al descubrir las verjas grises de un viejo asilo situado entre enormes bloques de pisos que parecían a punto de derrumbarse. Allí –pensó– todavía quedarían veteranos, ancianos que lucharon cuando eran jóvenes, probablemente abandonados por sus familiares y por el mundo. En una sombra olvidada permanecía el meollo de nuestro pasado, las historias vivas de antiguos idealistas revolucionarios o taciturnos voluntarios que se iban consumiendo sin remedio según las leyes implacables de la Naturaleza. Dentro de unos años ya no quedarían supervivientes de la guerra y se esfumarían para siempre los relatos de aquellos hombres y mujeres que lo vivieron en primera persona. Se acababa la vida arrebatando la Historia.
Aquellas sombras le entristecían. Julio se sentía tan miserable como aquella vez que, de pie sobre un malecón, se había hecho partícipe de las encrespadas olas del mar Mediterráneo que rugían por su cuñado Pepe y los últimos exiliados de aquella guerra, la guerra que perdimos.
(fragmento del principio)
sábado 22 de noviembre de 2008
viernes 11 de abril de 2008
Presentación del libro
Las memorias de un aviador republicano
Presentaciones de libros hay muchas a lo largo del año, pero presentaciones con el autor y con el protagonista del libro no hay tantas, especialmente si los dos son nieto y abuelo.
En este caso, el pasado 25 de junio en el Museu d’Art Modern de la Diputació de Tarragona, tuvimos a Julio Bacarizo, veterano aviador de la II República, y a su nieto Breo Tosar, que presentaron junto al historiador Xavier Olloqui el libro Estos días azules. Memorias de Julio Bacarizo. Una historia de los campos de aviación de la guerra civil. La obra del joven escritor tarraconense tuvo una cálida acogida, y muchos de los asistentes aprovecharon para preguntar al protagonista cómo era la vida en los campos de aviación en la España republicana y especialmente en el Ebro, donde luchó con los bombarderos katiuskas.
Los lectores disfrutaron el encuentro con la inmensa suerte de escuchar a uno de los pocos aviadores supervivientes de la guerra civil, que al final saludó a los interesados y les dedicó varios ejemplares. Con sus noventa años, Julio Bacarizo mostró un sentido del humor espléndido para explicar su vida y una cabeza lúcida para rendir homenaje a los amigos y camaradas que murieron en los combates aéreos.
Abuelo y nieto han recogido unas memorias que explican, como el título indica, una historia de los campos de aviación de las FARE (Fuerzas Aéreas de la República Española), una historia real narrada con la agilidad de una novela de aventuras, una historia que vale la pena leer.
(artículo publicado en el Diari de Tarragona)
Presentaciones de libros hay muchas a lo largo del año, pero presentaciones con el autor y con el protagonista del libro no hay tantas, especialmente si los dos son nieto y abuelo.
En este caso, el pasado 25 de junio en el Museu d’Art Modern de la Diputació de Tarragona, tuvimos a Julio Bacarizo, veterano aviador de la II República, y a su nieto Breo Tosar, que presentaron junto al historiador Xavier Olloqui el libro Estos días azules. Memorias de Julio Bacarizo. Una historia de los campos de aviación de la guerra civil. La obra del joven escritor tarraconense tuvo una cálida acogida, y muchos de los asistentes aprovecharon para preguntar al protagonista cómo era la vida en los campos de aviación en la España republicana y especialmente en el Ebro, donde luchó con los bombarderos katiuskas.
Los lectores disfrutaron el encuentro con la inmensa suerte de escuchar a uno de los pocos aviadores supervivientes de la guerra civil, que al final saludó a los interesados y les dedicó varios ejemplares. Con sus noventa años, Julio Bacarizo mostró un sentido del humor espléndido para explicar su vida y una cabeza lúcida para rendir homenaje a los amigos y camaradas que murieron en los combates aéreos.
Abuelo y nieto han recogido unas memorias que explican, como el título indica, una historia de los campos de aviación de las FARE (Fuerzas Aéreas de la República Española), una historia real narrada con la agilidad de una novela de aventuras, una historia que vale la pena leer.
(artículo publicado en el Diari de Tarragona)
martes 2 de octubre de 2007
jueves 6 de septiembre de 2007
¿Dónde comprar el libro?
"Las batallas del aire no las libraban sólo los pilotos de cazas o de bombardeos, sino también todos los trabajadores, mecánicos, ayudantes, armeros, observadores, que preparaban sin descanso los motores y la artillería de los héroes de la aviación. Estas memorias pretenden rendir homenaje a aquellos teloneros del aire que, como Julio, trabajaron día y noche para abrir el espectáculo antes de la actuación principal. En estas páginas, por tanto, las vivencias de un humilde mecánico y aviador republicano quedarán expuestas en toda su desnudez para que el lector, consciente de los equívocos de la memoria, reviva esos sucesos históricos como mi abuelo los contaba."
Primera edición: 2007
ISBN: 978-84-96910-21-8
Nº de páginas: 144
Encuadernación: Rústica
P.V.P: 14 €
Comprar por Internet: Nuevos Escritores.
jueves 30 de agosto de 2007
Memorias de un héroe
Aquel periodo de juventud violada para mí fue esencial porque, entonces, con apenas diecinueve años me encontré a mí mismo. Cuando estalló la guerra yo sólo era un mozo. Puedo decir con cierto orgullo que era hijo de Tadeo Bacarizo; pero, a fin de cuentas, tan sólo era un joven que tenía toda la vida por delante.
No sé cómo explicarlo porque es algo difícil de entender. Por mucho que especulen los historiadores, tengo el convencimiento de que jamás llegaré a comprender por qué los españoles decidimos matarnos entre nosotros.
(fragmento del capítulo V)
No sé cómo explicarlo porque es algo difícil de entender. Por mucho que especulen los historiadores, tengo el convencimiento de que jamás llegaré a comprender por qué los españoles decidimos matarnos entre nosotros.
(fragmento del capítulo V)
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