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Él desea las telas del cielo

El poeta irlandés W. B. Yeats escribió un gran poema que el cine ha hecho popular; y que es ahora un regalo para leerte una tarde de invierno como ésta, en la que los niños por fin duermen y tú estás a mi lado, caminando sobre mis sueños.



Had I the heavens' embroidered cloths,  Enwrought with golden and silver light,  The blue and the dim and the dark cloths Of night and light and the half light,  I would spread the cloths under your feet: But I, being poor, have only my dreams;  I have spread my dreams under your feet; Tread softly because you tread on my dreams.
Aquí os dejo una traducción al castellano:
Si tuviera las telas bordadas del cielo,
tejidas con luz dorada y plateada,
las telas azules, opacas y oscuras
de la noche, la luz y la penumbra,
extendería estas telas bajo tus pies:
pero yo, al ser pobre, sólo tengo mis sueños.
He extendido mis sueños bajo tus pies.
Pisa suavemente, ya que caminas sobre mis sueños.


William Butler Yeats, "He Wishes for the Cloths of Heaven", The…
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Invictus

El poeta inglés William E. Henley no tenía una pierna porque se la amputaron por culpa de una tuberculosis de huesos. Su amigo, el escritor romántico escocés Robert L. Stevenson, se inspiró en él para crear el personaje Long John Silver de la novela La isla del tesoro. 

Este poema, "Invictus", puede leerse desde la posición romántica del que quiere vivir a pesar de los límites que le impone la vida, a veces injustamente. El mismo Nelson Mandela lo tenía en la celda de su prisión para infundirle ánimos durante los años de su cautiverio.


En la noche que me cubre,
negra como el carbón de un polo a otro,
agradezco a los dioses que puedan existir,
por mi alma inconquistable.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado, ni llorado en alto.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas,
donde yacen los horrores de la sombra,
la amenaza de los años, sin embargo,
me encuentra y me encontrará sin mie…

Yo, Julia

Más allá de la efímera fama o relativa importancia de los (grandes) premios literarios, el Posteguillo de Africanus presenta en Yo, Julia una novela sobre la última dinastía alto-imperial de Roma, la dinastía Severa, que se inicia con el matrimonio enamorado de la joven siria Julia Domna y el militar Septimio Severo. 

El título, por cierto, evoca sin duda al Yo, Claudio de Robert Graves. De hecho, el autor valenciano confiesa que se inspiró en el momento de sentarse a la misma mesa del escritor británico, cuando visitó su casa-museo en Mallorca.

Revela el autor, en el apéndice del libro, que Julia Domna fue la mujer más poderosa, audaz e inteligente del Imperio Romano, y dice que no nos acordamos de ella porque triunfó -ella no sale en los libros de texto; en cambio, todos conocemos la figura de Cleopatra de Egipto, que perdió en su batalla por el poder de Roma.

En el preludio, el autor hace un guiño a los escritores y revela que una novela necesita mucha documentación, estructura e idea…

Incerta glòria

La incierta gloria, tan shakesperiana, de aquellos hombres y mujeres que lucharon codo con codo en el frente de Aragón por unos ideales, por una patria herida, por el azar del destino, se dibuja en los tres personajes (Lluís, Juli y Trini) de una historia casi eslava, de guerra y paz, en la que cada uno decide los dados de su futuro con el deseo de infinito.

Para muchos, esta monumental novela de Joan Sales (que se escribió durante más de veinte años) es la mejor obra de la literatura catalana sobre la temática de la guerra civil española.



Viure, viure d'una vegada per totes, d'una glopada, abans d'anar a parar a la immobilitat total!

Joan Sales, Incerta glòria, 1956

Nadal

El silencio contemplativo ante la vidriera de Matisse que celebra la Navidad puede inspirar la lectura de unos versos:


Si aquesta nit sents una remor estranya
que, no saps com, t’obliga a mirar el cel,
i enyores gust de mel
i tens desig d’una pau que no enganya...

és que a través dels aires de la nit
t’arriba aquell ressò de l’Establia
de quan l’Infant naixia
i s’elevava un càntic d’infinit.

Si ja no saps sentir-te pastoret,
ni aturar-te a entendre el bell missatge,
almenys, tingues coratge
de seguir el teu camí amb el cor net.



Joana Raspall, Nadal
Henry Matisse, Nuit de Noël, 1952

Equilibrio

El pasado viernes tuve la suerte de asistir, en la librería Adserà de Tarragona, a la presentación del segundo poemario de mi amigo Enric López Tuset de la mano anciana y tranquila de Javier Lostalé, quién fue privilegiado discípulo del poeta Vicente Aleixandre.

Es Equilibrio una obra moderna y espiritual, una luz poética que viene ya de Adoración, su primer poemario, hace ya seis años.

"Nos quedamos en el latido dulcísimo de Dios", dice un verso de su último poema "Cerca del agua" como una oración a Aquel que nos ha hecho por Amor. 

En el poema "Manantial" los versos invitan a huir del temblor del equilibrio: "dejemos que la claridad se complazca/y que el corazón lata en el costado del misterio,/ yunta para la arcilla del silencio". 

Porque en una vida apasionada, llena de fuego que es vida, sólo es necesaria la Luz:


FORMA DE LA LUZ

Tus ojos vienen de otra vida
en noción de equilibrio.

El alma huele a una dulzura definitiva:
la vida en llamas ahora que …

El sabueso de Baskerville

Una de las grandes novelas de misterio que recomiendo leer una y más veces es El sabueso de los Baskerville, de Conan Doyle. Es considerada por muchos como la mejor historia del detective Sherlock Holmes y su compañero Watson, paladines de la lógica deductiva. 

"El mundo está lleno de cosas evidentes en las que nadie se fija ni por casualidad", afirma Holmes, el mejor detective de todos los tiempos, con permiso de Auguste Dupin, el inolvidable personaje de Edgar Allan Poe

Holmes y Watson deben resolver un crimen en una atmósfera de niebla y penumbra, a caballo entre lo sobrenatural y lo misterioso, en la noche oscura de un castillo inglés, por el que deambula la sombra de un sabueso salido de los infiernos. 


Mis ojos, querido Watson, están acostumbrados a examinar las caras y no los adornos. Una de las cualidades más necesarias en el investigador de crímenes debe ser la de poder penetrar un disfraz.


Sir Arthur Conan Doyle, El sabueso de los Baskerville, 1902