martes 17 de enero de 2012

Momentos estelares de la Humanidad

Releo y releo este maravilloso libro de Stefan Zweig, y cada vez me gusta más. El escritor austriaco escoge, creo que por azar, varios momentos "estelares" de la historia del ser humano, y los narra de modo magistral. Al leer esas páginas nos sumergimos, como espectadores, en el meollo de la Historia y podemos llegar a temblar al reconocer la importancia de aquellos instantes increíbles que sin duda cambiaron el mundo.

Cada capítulo recoge un momento único. Mis favoritos son la muerte de Tolstói en una vieja estación de tren, la hazaña del Polo Sur y la creación musical del Mesías de Haendel.


... Se levantó lentamente y se acercó al clavicordio. Sonriendo de una manera especial empezó suavísimamente a tocar la melodía del recitativo: "Atended, os contaré un Misterio". Eran las palabras de El Mesías y habían sido comenzadas a pronunciar medio en broma.

Pero apenas había puesto los dedos en el teclado, se sintió arrebatado por la inspiración.
Tocando, olvidándose de los demás e incluso de sí mismo. La corriente musical le cautivó de tal manera que quedó como sumergido en su obra. Cantaba e iba tocando la parte de los últimos coros, que había compuesto como en un sueño; en cambio, ahora los oía despierto por primera vez. "Oh, muerte, ¿dónde está tu aguijón?", se preguntaba en lo más profundo de su ser, penetrado por el ardor de la vida, e iba elevando cada vez más la voz. Reproducía incluso el coro, las voces de júbilo y exaltación, y así continuó cantando y tocando hasta que llegó al "Amén". La estancia parecía retumbar al conjuro de tanto sonido, tan impetuosamente vertía el maestro todo su vigor musical en aquella parte de la obra.

Stefan Zweig, Momentos estelares de la humanidad, s. xx

domingo 15 de enero de 2012

Novela de ajedrez

Me fascina el ajedrez. Reconozco que soy un jugador muy mediocre, por no decir malo. Pero me encanta jugar partidas y sobre todo quitarme el sombrero viendo a los grandes ajedrecistas delante del tablero.

En mi colegio he organizado un campeonato de ajedrez. Mis alumnos están tan excitados que incluso se llevan los juegos de ajedrez al patio. Cada tarde entrenan un poco en mi clase. Las familias americanas lo ven con buenos ojos. Y todos esperamos con impaciencia la final entre el ganador del programa español y el campeón del programa mandarín.

Al leer Novela de ajedrez del genial Stefan Zweig me he detenido a pensar sobre la importancia de este maravilloso juego de matemáticas, estrategia y paciencia que sigue cautivando a millones de personas. El escritor austriaco narra la historia de un ajedrecista internacional que se enfrenta en un viaje en barco con un desconocido que le deja en tablas.

La obra maestra de Zweig es una profunda crítica a los métodos inhumanos y violentos del poder contra los ciudadanos, como experimentó el propio autor en manos de la Gestapo. Todos sabemos que sus libros acabaron en el pasto de las llamas durante el régimen nacionalsocialista. El escritor era judío y humanista. Y al borde de la locura lo único que le salvó fue precisamente el ajedrez.


-Lástima -dijo magnánimamente-. El ataque no estaba mal dispuesto. Considerando que se trata de un aficionado, es justicia decir que ese caballero posee, en realidad, condiciones excepcionales.

Stefan Zweig, Novela de ajedrez, 1941

jueves 12 de enero de 2012

El poder y la gloria

El primer libro que leo en 2012 es una recomendación de Father Bernard, un sacerdote anciano de Colorado que ha vivido muchos años en Sudamérica entre los más pobres. Su capacidad de escuchar y su gran humanidad le hacen una persona inteligente y entregada. Tiene un mundo a sus espaldas por todo lo que ha leído y vivido. Le encanta Graham Greene y a veces se atreve a citarlo en los sermones. Me gustan los sacerdotes que, desde el púlpito, hablan de poetas y escritores.

Me ha fascinado en esta historia el poder de la fe, de la fuerza del sacramento que va más allá de las manos de quién lo administre.

El protagonista es un pobre cura borracho e infiel, que reniega de su credo durante la persecución a los religiosos en la terrible guerra cristera de México. Es un cobarde, como el mísero sacerdote sexagenario que se ve obligado a vivir con una mujer para salvar su pellejo (el Estado ha dictaminado a los curas católicos la obligación de renegar de la fe y casarse, bajo pena de muerte). Es quizá uno de los personajes más patéticos de la Historia de la Literatura. Pero el cura protagonista, que se ha escondido durante toda la novela, no quiere acabar así y decide retomar su camino.


Es asombrosa la sensación de inocencia que acompaña al pecado; sólo las personas rígidas y minuciosas y los santos no la conocen. Todas esas gentes salían de la cuadra limpios de alma; él era el único que no se había arrepentido ni confesado, y que no había sido absuelto. Hubiera querido decir a éste: "El amor no es malo, pero el amor tiene que ser feliz y visible; sólo es malo cuando es oculto y desdichado... Puede llegar a ser más desdichado que ninguna otra cosa en el mundo, exceptuando el infortunio de perder a Dios. En cierto modo, es perder a Dios.

Graham Greene, El poder y la gloria, 1940.

martes 20 de diciembre de 2011

Una muñeca romana

En una ciudad a veces nos impactan las cosas más sencillas e insignificantes. No son los grandes edificios ni los famosos monumentos los que nos tocan por dentro, sino aquellas pequeñas cosas como una cafetería donde compartimos momentos tan especiales, aquel puente de piedra que nos llevaba a casa, aquella bicicleta que se perdía por los bosques de Dalarna...

El poeta Pedro Salinas visitó Tarragona en los años treinta, y escribió unas líneas sobre una de las joyas del Museo Arqueológico, una simple muñeca romana de marfil que perteneció a una niña desconocida hace miles de años, pero que a él le impactó profundamente.

....aquella cosa frágil, infantil, preciosa, destinada no más que al juego y a la intrascendencia, me conmovió enormemente, al verla así salvada del tiempo, más que muchos monumentos triunfales. Y sigue conmoviéndome hoy, y me alegro infinito de que la veas. Ojalá se puedan salvar así del tiempo otras cosas extremadamente preciosas y difíciles, hechas por el puro placer, por el puro amor.

jueves 15 de diciembre de 2011

Opiniones de un payaso

Estaba conversando con mi amiga Therese Svensson sobre religión con el interés ecuménico que puede surgir entre una protestante sueca y un católico romano. Entonces ella me recomendó la lectura de Opiniones de un payaso de Heinrich Böll. Me bajé el libro y lo devoré en un par de días.

El escritor alemán, premio Nobel de Literatura en los setenta, narra una historia triste, la de un joven payaso que ha entrado en decadencia porque sus números ya no son lo que eran y, sobre todo, porque el amor de su vida, una hermosa chica católica, le ha abandonado para seguir los dictados de su corazón, que son los de su fe. El nombre de ella, Marie, es significativo (María es el nombre de la madre de Dios).

Lo interesante de esta breve pero intensa novela es que se explica desde el punto de vista del ateo abandonado, no del cristiano converso. Y desde esa perspectiva he disfrutado muchísimo intentando entender el ángulo contrario de una tragedia profundamente humana.


Con Marie todo iba bien mientras ella se preocupaba por mi alma, pero vosotros le habéis inculcado el preocuparse por su propia alma, y ahora ocurre que yo, a quien falta el órgano para lo metafísico, me preocupo por el alma de Marie. Si se casa con Züpfner, caerá en verdadero pecado. Esto he comprendido de vuestra metafísica: es fornicación y adulterio lo que ella comete, y el prelado Sommerwild es un alcahuete.


Heinrich Böll, Opiniones de un payaso, 1963

martes 13 de diciembre de 2011

Una lectora nada común

No pierdo oportunidad de conversar sobre Literatura, incluso en el dentista. Siempre que voy ahí, me paso un buen rato con él comentando novelas, autores e incluso alguna poesía. Disfrutamos mucho en ese baile de páginas que uno lee y recomienda, y en esas otras páginas, enigmáticas, que el buen amigo invita a leer. Nuestra relación doctor-paciente se acerca a la amistad cuando discutimos sobre los clásicos y los modernos.

Rafael es el mejor dentista de Tarragona, sin duda, y es además un humanista apasionado por el placer de la lectura. Le fascinan "los libros incómodos, que hacen pensar". Y allí coincidimos. Me gusta escucharle mientras subraya títulos de obras que tiene apuntadas en bolígrafo azul en unas hojas sueltas.

Por eso, a pesar del mal trago que supone abrir la boca y abandonarse en manos expertas en encontrar caries y problemas, no me importa ir al dentista. Cada vez que voy salgo con los dientes más sanos y con una buena lista de libros en la mano.

Aquí su última recomendación, Una lectora nada común, de Alan Bennet, y un fragmento a este canto a la lectura:


-Desde luego -dijo la reina-, pero aleccionar no es leer. De hecho es la antítesis de la lectura. Aleccionar es sucinto, concreto y pertinente. Leer es desordenado, disperso y siempre incitante. El aleccionamiento cierra un tema, la lectura lo abre.

Alan Bennet, Una lectora nada común, 2008

miércoles 7 de diciembre de 2011

Yo soy aquel

Aún recuerdo la voz formidable de aquel viejo profesor de filosofía que, muy serio, nos inspiraba con sus maravillosas clases. Nosotros éramos sólo unos adolescentes, llenos de sueños y de dudas.

Por primera vez, un profesor se atrevía a darlo todo. Los alumnos le queríamos, porque en vez de darnos sermones o imponernos sus normas, nos escuchaba.

Ése es el secreto de la buena educación: saber escuchar.

A veces en la vida encontramos estrellas que nos iluminan, que nos enseñan, que nos inspiran, como aquel entrañable profesor que fumaba pipa, llevaba libros gastados bajo el brazo, e iba enfundado con el calor de una bufanda durante casi todo el año. Y siempre, siempre, tenía tiempo para sus alumnos.

Os dejo unos versos que él me regaló cuando finalicé bachillerato:


Yo soy aquél a quien atormenta el deseo amoroso;

¿No gravita la Tierra?, ¿no atrae la materia,

atormentada, a la materia?

Así mi cuerpo atrae a los cuerpos de todos aquellos a
quienes encuentro o conozco.


Walt Whitman, Canto a mí mismo (1819-1892)

domingo 4 de diciembre de 2011

Viaje al fin de la noche

Louis Ferdinand Céline, al regresar asqueado de las trincheras del ejército francés de la Gran Guerra, escribió Viaje al fin de la noche, una formidable novela en la que relata sus aventuras en aquellos años terribles que asolaron Europa y el mundo.

Céline
se convierte en un paria, un hombre sin banderas ni himnos, que odia todo y critíca con voz firme el sinsentido de la guerra. A la vez, es un autor controvertido por sus panfletos antisemitas.


La gran derrota, ante todo, es olvidar, sobre todo lo que te mata, y morir sin llegar a comprender jamás hasta qué punto los hombres son bestias. Cuando estemos al borde del hoyo no nos pasemos de listos, pero tampoco olvidemos; hemos de contarlo todo, sin cambiar una palabra de las lacras que hemos visto en los hombres, y entonces liar el petate y bajar. Es suficiente como trabajo para toda una vida.

Louis Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche, 1932

miércoles 30 de noviembre de 2011

El lobo de mar

La muerte de Dios en el pensamiento occidental despoja al ser humano de toda esclavitud moral, pero lo deja abandonado y desamparado en el mundo. Esa muerte, terrible, proclamada por Nietszche a finales del siglo XIX lleva al siglo más sangriento de la Historia de la Humanidad bajo la tironía del superhombre.

De todos los escritores que enhebraron un juicio firme contra el nihilismo radical del filósofo alemán me quedo con Jack London. En
su novela El lobo de mar, el autor norteamericano narra la historia del malvado capitán Lobo Larsen, un personaje que cree en los preceptos del superhombre y los pone en práctica de modo radical.


¿Por qué no disparas? No te lo impide el miedo sino la impotencia. Tu moral es más fuerte que tú. Eres esclavo de las opiniones que has leído en los libros y sostienen las personas que te han educado. Desde que aprendiste a hablar, te han metido en la cabeza un código que te impide matar a un hombre indefenso. En cambio, sabes que yo mataría a un hombre desarmado con la misma tranquilidad con que fumo un cigarrillo.

Jack London, El lobo de mar (1904)

viernes 25 de noviembre de 2011

El club Dumas

El libro que catapultó a la fama a Arturo Pérez-Reverte, El club Dumas, como las buenas novelas, sabe atrapar al lector desde el primer párrafo con una trama interesante. Me gustaría destacar que ofrece varios niveles de lectura. He gozado con las referencias directas a la obra de Alejandro Dumas, que tengo tan reciente en la memoria, y con otros divertidos guiños literarios a Herman Melville o a Conan Doyle. La novela está trufada de citas y alusiones a otros libros. Y me ha encantado.

"Cada uno posee los gestos de lo que ha vivido y lo que ha leído", afirma a mitad de la novela el protagonista. Esta cita me hace pensar. ¿Qué pasará, no obstante, si uno se conforma con ir tirando y al final se da cuenta de que su vida no es vida? ¿Qué ocurrirá si, además, esa persona ni siquiera lee? ¿Qué gestos puede tener alguien que ni vive ni lee?

Habría que meditar la maravillosa cita de Miguel de Cervantes que aparece en el subtítulo de este blog de libros y viajes, y después leer a Pérez-Reverte con la atención que se merece un maestro:


Escuche, Corso: ya no hay lectores inocentes. Ante un texto, cada uno aplica su propia perversidad. Un lector es lo que antes ha leído, más el cine y la televisión que ha visto. A la información que le proporcione el autor, siempre añadirá la suya propia. Y ahí está el peligro... (p. 265)


Mas todos tenemos un guiño de complicidad al referirnos a ciertos autores y libros mágicos, que nos hicieron descubrir la literatura sin atarnos a dogmas ni enseñarnos lecciones equivocadas. Ésa es nuestra auténtica patria común: relatos fieles no a lo que los hombres ven, sino a lo que los hombres sueñan. (p. 257).

Arturo Pérez-Reverte, El club Dumas, 1993