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Silencio

Pasamos por las murallas romanas, bajamos la calle de los carmelitas y, de improvisto, nos encontramos a Cristo cargando la cruz. Nos detenemos sorprendidos. Tiene el rostro demacrado, y sabemos que ha venido al mundo para que le pisemos, para cargar con el tormento de la cruz y compartir el dolor de los que sufren.

Es Semana Santa y el silencio de Dios es capaz de conmover un corazón lleno de inseguridades y miedos, pero sediento de Él. 

La gran novela del escritor japonés Shusaku Endo narra la historia del jesuita misionero portugués Sebastián Rodrigo, que desembarca en el Japón del siglo XVII para buscar a su antiguo maestro, el padre Ferreira, que ha apostatado en un mundo adverso y sembrado con la sangre de los mártires en el insoportable silencio de Dios.


Vosotros (los superiores de Europa y de Macao) vivís tan felices misionando en sitios tranquilos y seguros, en sitios que no azota asoladora la tormenta de la persecución, de las torturas... Os quedáis en la otra orilla y la gente…
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La condición humana

La realidad se vuelve evidente para la persona no en el mundo de las ideas, sino en la misma experiencia. "La experiencia es la modalidad propia del ser-presente", decía el filósofo Heidegger.

Para la gran pensadora alemana Arendt, el ser humano es capaz de acción porque espera lo inesperado, lo que sobresale de sus ideologías y esquemas mentales.
Por eso, la acción que se hace desde la educación no debe ser nunca ideológica. Tiene que nacer de una experiencia humana. 

Las ideologías consideran que una sola idea basta para explicar cada cosa en el desarrollo de la premisa, y que ninguna experiencia puede enseñar nada dado que todo está comprendido en este proceso coherente de deducción lógica. (Il pensiero secondo, 1999, p. 136)
El hecho de que el hombre sea capaz de acción significa que cabe esperar de él lo inesperado, que es capaz de realizar lo que es infinitamente improbable.
Hannah Arendt, La condición humana, 1958

El país de las últimas cosas

En una sociedad sin esperanza, sin libertad, sin justicia, una joven debe luchar para no sucumbir y olvidar el origen y el destino que le mueve. Pero las circunstancias indican que al final, sin una compañía verdadera, todo se pierde.

Esta distopía nos presenta una sociedad devastada, vacía y rota. Anna Blume busca a su hermano desparecido, e intenta sobrevivir en una ciudad dónde existen clínicas de eutanasia y clubes de asesinato. Aquí los atletas corren hasta que revienten literalmente sus corazones, y los saltadores se arrojan al vacío desde altos edificios grises. 

Nothing lasts, you see, not even the thoughts inside you. And you musn't
waste your time looking for them. Once a thing is gone, that is the end of it.


Paul Auster, The country of last things, 1987

La pantalla infinita

En la sociedad del espectáculo mediático, en la era del black mirror, es fundamental enseñar a los estudiantes a luchar contra el analfabetismo mediático. 

Los niños y las niñas deben aprender a pensar por ellos mismos, formar la autoconciencia y estudiar unas ciencias sociales para comprender y actuar en el mundo. 

Desde el análisis crítico del discurso en las redes sociales, los vídeos virales o los programas de telebasura, los estudiantes deben enfrentarse a las ideologías para evitar que les manipulen. 



Ser conscientes de lo que somos y pensamos implica analizar lo que vemos, oímos y leemos para diferenciar la realidad de su representación. (p. 13)

En general, no estamos preparados para comprender crítica y creativamente los mensajes de los medios, porque no hemos aprendido a hacer una lectura ideológica de los mensajes. (p. 19)

Ramon Breu, La pantalla infinita, 2014

Adiós, muñeca

Este clásico de novela negra es, para muchos lectores, la mejor obra del escritor Chandler. 

El detective Marlowe se encuentra con Malloy, un matón que ha pasado ocho años en la cárcel y que está buscando a su ex novia en un barrio negro. 

Malloy pasaba "tan desapercibido como una tarántula en un plato de nata". Y Marlowe le sigue hasta un bar y ahí es testigo de un crimen. Pero la policía no hace nada.


You're not a detective, Marlowe, you're a slot machine. You'll do anything for six bits.

Raymond Chandler, Farewell, my lovely, 1940


La elegancia del erizo

Algo no funciona en la escuela cuando una niña de doce años decide suicidarse porque se ha dado cuenta de la estupidez e hipocresía de los adultos. Ningún maestro ha sido capaz de estar a la altura de su corazón y piensa que una vida vacía e irreflexiva no vale la pena.

Un encuentro inesperado es la única esperanza. Paloma ha decidido quitarse la vida cuando cumpla trece años. Pero conoce a la señora Michel, una simple portera del número 7 de la calle Renelle, que lee libros de filosofía y sabe pensar. Esa gran mujer sí es capaz de acompañarla e introducirla a la realidad.


Los que saben hacer, hacen; los que no saben hacer, hacen clase; los que no saben hacer clase, hacen clase a los profesores; y los que no saben hacer clase a los profesores se dedican a la política. (p. 56)

Muriel Barbery, La elegancia del erizo, 2006

Dubliners

En una fiesta insípida entre amigos, Gabriel se fija en su mujer, Gretta, que se detiene embelesada, escuchando una canción, en lo más alto de la escalera. El marido queda impresionado y la mira con ojos nuevos, pero ella no responde a su deseo y llora desconsolada. Ella le confiesa, entre lágrimas, que se acuerda a Michael Fury, un antiguo enamorado que murió hace tiempo. Y Gabriel siente un amor aún más grande por ella mientras la nieve cae en Dublín.

La memoria y el destino bailan un tango en este relato The dead del escritor irlandés James Joyce. Todos los personajes, como el difunto Michael, están destinados a convertirse en cenizas de nieve. La memoria despierta el recuerdo de los muertos a través de la música, en una melancolía homérica.


Better pass boldly into that other world, in the full glory of some passion, than fade and wither dismally with age.


James Joyce, The dead (Dubliners), 1914